Hay momentos en los que la distancia no consigue apagar los recuerdos.
Un oscense que vive lejos abre el calendario y sus ojos se detienen en una fecha: 10 de agosto. Cierra los ojos y, por un instante, todo vuelve a estar cerca. La memoria le lleva hasta Huesca; vuelve a sentir el aroma de la albahaca, a contemplar la imagen de San Lorenzo, a escuchar una jota que parece nacer del corazón.
Su pensamiento regresa a aquella mañana en la que la ciudad despierta engalanada, cuando la Basílica del Santo se impregna del olor de la albahaca y la jota convierte la emoción en oración. Las campanas anuncian que el patrón sale a la calle y, durante unos segundos, el tiempo parece detenerse.
En esa memoria aparecen los silencios compartidos, las miradas emocionadas y ese instante que solo se rompe con un grito que nace del alma: “¡Viva San Lorenzo!”. Después, el sonido de la Banda de Huesca acompaña el Dance de las Espadas, llenando las calles de identidad, tradición y sentimiento.
Quizá una lágrima recorra entonces su mejilla al recordar momentos vividos, personas queridas y tantos San Lorenzos guardados para siempre en la memoria.
Porque ser oscense no depende de dónde se viva. La tierra, las tradiciones y los recuerdos permanecen siempre con nosotros.
Por ello, el Ayuntamiento de Huesca quiere dedicar un día especial a todos aquellos oscenses que, por circunstancias de la vida, viven lejos de nuestra ciudad. Un momento para reencontrarse, compartir recuerdos y volver a sentir Huesca cerca.
Porque Huesca siempre será su casa. ¡Les esperamos!